lunes, 5 de enero de 2009

"¿POR QUÉ?"


Años atrás, cuando aún iba a la escuela, tuve uno de aquellos maestros de antaño, un humanista docto en todo tipo de disciplinas. Era un erudito con cierta fijación por una frase que nos repetía incansablemente casi a modo de mantra: “señores! Hay que saber el porqué de las cosas”. Claro que a una edad tan temprana semejante sugerencia quedaba incomprendida. Del mismo modo, años más tarde recuerdo que otro profesor experimentado y carismático, especialista en dirección de empresas reiteraba con solemnidad “no os tiene que ganar nadie en el afán de cultura”. Tal afirmación por aquel entonces me causó cierto shock, puesto que no comprendía la funcionalidad de ser culto a menos que fuese para ganar al Trivial. Con todo, aquellas preguntas sin respuesta permanecieron en mi cabeza: “¿para qué necesito saber o aprender?”, “¿por qué debo saber el porqué de las cosas?”, “¿de qué me sirve la cultura?”

Transcurridos algunos años pienso que la cultura nos permite abordar y dar respuesta a aquellos porqués que deberían aflorar de nuestra mente en el día a día. La cultura nos hace más conscientes de la realidad de nuestro entorno y nos permite sesgar todo input informativo que nos sobreviene a diario, pudiendo así decidir entre acatarlo, ponerlo en entredicho o discriminarlo. Por consiguiente, la posesión de un elevado nivel cultural nos hace más libres, dado que nos permite forjar nuestro propio espíritu crítico y nuestra opinión fundamentada respecto de cualesquiera noticias o acontecimientos que nos sean contados, en vez de creerlos y acatarlos sistemáticamente. Ese espíritu crítico guarda una estrecha relación con la formulación del ¿por qué? Respuestas a los porqués de lo que nos rodea, de lo que nos sucede, de lo que observamos, lo que leemos, lo que escuchamos: ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Una sana inquietud se manifiesta en esta interrogación.

Sin ánimo de adentrarme en conceptos de tan profundo calado como la libertad, la realidad o la verdad, me atrevería a formular la siguiente afirmación y el consiguiente silogismo: la cultura nos permite contextualizar, discernir y comprender realidades pasadas y presentes, conociendo así la verdad ya sea de acontecimientos, de nuestro entorno, de las noticias, incluso de nosotros mismos, sometiéndolos al filtro del espíritu crítico alimentado a su vez por el conocimiento y el saber. Por tanto, si la cultura, en la medida de lo posible, nos permite aproximarnos a la verdad, se podría deducir que el cultivo cultural, en última instancia nos hace más libres. Como reza la célebre frase bíblica “la verdad os hará libres”. ¿Cómo podemos acceder a la verdad (en su acepción más mundana y tangible) si no es a través de la cultura?, ¿y cómo podemos acceder a la cultura y al saber más o menos aséptico si no es dando constante respuesta a decenas de preguntas autoformuladas a diario, arraigando el hábito del por qué?

Socialmente, parece que ese por qué interrogativo que ambiciona más y más saber, más y más cultura, presenta incompatibilidad con ciertos cánones de conducta occidentales cada vez más patentes en nuestras sociedades bien estantes: falta de curiosidad, ausencia de espíritu crítico, acatamiento sistemático de toda norma, pobreza de inquietudes, escasez de tiempo para la observación y la reflexión, auge de la cultura del entretenimiento, fomento del mínimo esfuerzo, etc, etc, etc. Todo ello configura un mejunje de actitudes que adolece de un efecto narcótico-mental. Todos estos hábitos se constituyen como intrínsecamente antagónicos al afán cultural. ¿Puede una sociedad alardear de culturalmente avanzada al tiempo que se está incentivando semejantes hábitos desde esferas político-económicas?, ¿Estaremos padeciendo corderitis aguda, siempre en detrimento del saber y de la verdadera libertad individual?, ¿puede un individuo falto de cultura ser libre o está obligado a seguir siempre determinados cánones de conducta preestablecidos y masificados, siendo así maleable y manipulable?

Si a todo esto le añadimos el agravante que conforma la sociedad de la información (noticias, datos, publicidad, etc) que sutilmente nos sugiere e incita a pensar y actuar de un modo A, B o C, nos encontramos ante una encrucijada sin precedentes; sin precedentes porque jamás en la historia de la humanidad semejante engranaje comunicativo de acceso a un exceso de información y desinformación había existido tal como lo estamos presenciando hoy. ¿Estamos preparados para tal caos informativo? datos, noticias, publicidad..., ¿puede nuestro cerebro procesar semejante lluvia de informaciones?, o lo que es más, ¿estamos culturalmente preparados para filtrar críticamente toda la información que recibimos a diario, o de lo contrario, sencillamente no situamos nada en tela de juicio y lo creemos todo por defecto, como si fuésemos computadoras de almacenar datos?, ¿nos abruma y nos nubla mentalmente tanta información? La sociedad de la información y la sociedad crítica culturizada no sólo han experimentado ritmos de crecimiento dispares, sino que el desarrollo de ambas parece ser inversamente proporcional. La consecuencia inmediata de este fenómeno es la incapacidad real de las personas de procesar con espíritu crítico la cantidad ingente de inputs informativos que recibe sin quererlo.

Con el florecer de la era informativa la necesidad de que las personas devengan más cultas, conocedoras, críticas y libres resulta cada vez más imperiosa. No sólo para ganar a tu cuñado jugando al Trivial, sino para ser menos influenciable, teledirigible (nunca mejor dicho) y más dueño de uno mismo/a, siendo así capaz de discernir y, en consecuencia, pensar y decidir libremente ante diversas situaciones o informaciones que se nos presentan. Lo que sutilmente se halla en juego es nada menos que el bien más preciado: la libertad. Tal vez no una libertad en tanto que capacidad de hacer lo que a uno le venga en gana, sino la posibilidad de percibir, comprender y deliberar en base a un criterio propio (no inducido) ante las distintas coyunturas, mensajes e informaciones que nos son contados. En ocasiones me pregunto qué crisis es mas acuciante, ¿la económica o la cultural? También me pregunto cuánto tiempo invierte un ciudadano medio en leer libros. Sería un dato muy ilustrativo.


Después de tantos años, aún me vienen a la cabeza las palabras entonces incomprendidas de aquellos profesores que desde su humilde y sincera enseñanza trataban no sólo de dotar a niños y jóvenes de conocimientos en ciencias, arte o literatura, sino de educar a personas en valores como la verdad y la libertad. A ellos, por su encomiable labor, la más profunda gratitud.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Absolutely amazing!!

Enhorabona!!

Cada vegada són millors i millors els teus escrits!

Moltes gràcies per fer-nos pensar!

Anónimo dijo...

Un elevado nivel cultural si nos permite fundamentar nuestra opinión, puesto que nuestras respuestas discernirán de una previa valoración. Pero ello no supone nunca, que dicha fundamentación sea la verdadera, por así decirlo.

Pues hay que tener en cuenta que, cada ser humano está dotado de unas virtudes y de unos defectos que le forman como tal, y por ello, dos personas que reciban la misma formación cultural, cada uno lo interioriza de diferente modo que el otro que recibió la misma cultura. Si bien es cierto, que dentro de unos mismos estímulos los animales reaccionan de la misma forma, pero el ser humano dentro de su complejidad tiende a reaccionar, dentro de un mismo parámetro, de diversas maneras. Y ello a pesar de estar dotado de unos mismos niveles culturales, aunque evidentemente sus reacciones serán similares pero no siempre tenderán al mismo fin.

Pero a pesar de todo ello, siempre debemos considerar que la cultura no conlleva per se que la fundamentación que le demos a los “por qué” sea la verdadera, pues podemos estar muy equivocados. A veces la dureza del vivir de personas que, por su situación, no han podido tener la misma opción cultural, su fundamentación al por qué de las vicisitudes de la vida, son más acertadas que muchos otros. No debemos privar de razón a aquellos a quienes su falta de cultura a veces nos sorprendan con grandes razones.

La reflexión es libre y equivocarse también, pero siempre es mejor reflexionar y equivocarse pensando que no dar opción a pensar.

Laia Hernández

midas dijo...

Piñe! Estàs fet tot un Saramago!

Crec que tens molta raó en això que dius. Sa informació moltes vegades mos arriba en forma d'afirmacions i, és un bon exercici sometrer-la a sa nostra concepció del de ses coses, escala de valors o sigui com sigui que li diguem a ne's mobles que tenim dins es cap. Tot i així, aquesta activitat requereix un gran esforç, i és evident que donant "pa i circ" hom pot tenir sa gent despreocupada de totes aquestes qüestions.

Per altra banda, ja saps, vivim dins sa "societat de sa informació". És interessant diferenciar entre informació i coneixement, p.e. tohom té accés als telefiaris, google, wikipedia, etc.

Te deix dos links que crec que ténen un poc de relació amb això. El primer, sobre com les explicacions senzilles ens resulten més satisfactòries que les complexes. El segon, sobre el bloqueig creatiu. I això què té que veure? Pens que si ens fan creure que el que ens diuen és cert, que estem ben informats, això redueix sa nostra fam de respostes.

Au idò bergant! Segueix així!